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Carta abierta al Sr. Estado Costarricense
19 de Septiembre del 2005
Editorial de Tiquicia.COM
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     Se dice que Usted es “persona”. Persona jurídica de derecho público por excelencia. Dicen también, que Usted se diferencia del gobierno que expresa su voluntad. Se dice, además, que no debe confundírsele con el partido o los partidos que lo conforman. Entendemos esas distinciones pero solo en los estados democráticos. En cambio, cuando nos acercamos a la construcción de un estado totalitario, omnipresente y omnipotente, esas distinciones desaparecen para dar lugar a una especie de identificación Estado-Gobierno-Partido (o coalición de partidos).

     Siendo así, le dirigimos estas líneas para expresarle que nos sorprende y nos molesta la manera con que usted se sigue entrometiendo en nuestras vidas: hoy, más que antes, para todo se necesita su aprobación, aunque lenta y siempre costosa. Nada puede hacerse sin su bendición. Usted tranca nuestras iniciativas con su gigantesco y carísimo aparato burocrático.

     Usted viene invadiendo, desde hace décadas, todas las áreas del quehacer humano. Se viene apropiando de enorme cantidad de recursos a título de impuestos.

     Ahora, esos males antiguos se agudizan y ya vemos una radicalidad mayor en esta forma de estatismo de vieja data que terminará esclavizándonos y empobreciéndonos todavía más. Hoy tenemos más estatismo llevado al extremo. Y la consecuencia es y será: caída de la inversión, reducción del número de empresas y, por tanto, de las fuentes de empleo.

     Al mismo tiempo, vemos que Usted hace causa común con los agitadores sindicales para perjudicar a las empresas. Entre sindicalista y burócrata ya casi no se ve la diferencia en sus caracteres parasitarios. Sabemos que esto trae un potente efecto antiempleo.

     En todo, estamos obligados a tenerlo a Usted como socio. Pero observamos que Usted nada aporta que sea útil o valioso. Lo único que Usted agrega son molestias y obstáculos. Ahora, eso sí, hay algo que Usted hace como nadie: quitarnos libertad y patrimonio. Cada día perdemos más y más. Nuestros recursos y nuestro poder adquisitivo siguen disminuyendo.

     Parece que Usted no entendió su misión. Las pocas tareas que Usted debería realizar bien, no las cumple adecuadamente. Por ejemplo, en materia de seguridad, no podría ser peor su desempeño. La población honesta sufre hoy, más que antes, la inseguridad creciente. Los costarricenses están siendo víctimas de delitos de todo tipo por la acción criminal de una delincuencia que se siente más impune que antaño y ahora, además, se sabe respaldada por políticos ineptos que llegan al paroxismo del fanatismo ideológico pretendiendo hacernos creer que los peores delincuentes son víctimas inocentes de la sociedad a la que culpabilizan.

     Pero, para colmo, Usted se mete además, en otras actividades que deberían estar en la órbita de los particulares. Y todo esto -lo que Usted hace mal, lo que Usted no hace y lo que Usted hace y no debería hacer- nos cuesta a todos los costarricenses cada vez más caro.

     La población paga carísimo su demagogia y sus caprichos. Usted quiere hacerse el simpático, el sensible, el filántropo, con los sectores más modestos y nosotros le pagamos la farsa. No queremos y no podemos seguir pagando este circo cada día más caro por la gran cantidad de payasos que se siguen incorporando a su espectáculo engañoso.

     Ya nos hemos ajustado una y otra vez, pero usted, en cambio, sigue tirándonos encima mayores gastos. Usted sabe que sus gastos y su tamaño nos asfixian. Usted se transformó en un monstruo que todo lo devora. Hoy, Usted es una especie de dios-Moloch ante quien se siguen sacrificando más derechos y libertades.

     Usted, Estado gigante, mantiene su tamaño enorme con impuestos excesivos, confiscatorios: exacciones forzosas con destino al Fisco... Mientras la inflación es un impuesto, masivo y disfrazado, aunque no legalizado; la deuda estatal es un impuesto diferido si la deuda de ayer se paga con el impuesto de hoy. O ambas cosas, diferido y disfrazado a la vez, si la inflación de hoy está pagando deuda de ayer.

     Cada peso que malgastamos en impuestos que a Usted le pagamos, lo dejamos de gastar en alimentos, ropa, calzado, transporte, medicinas y otros bienes y servicios que dejamos de demandar, y dejan de producirse. Este es uno de los factores que hace caer las ventas, contraer la economía y decrecer el empleo. Es causa de pobreza.

     Exageradamente elevados, los impuestos que a Usted le pagamos (o que Usted nos quita) se decretan para pagar sus astronómicos gastos. El excesivo número y las elevadas tasas nos dañan. Todo tributo excesivo se traduce en precios más caros porque todos los impuestos se trasladan.

     Y ¿qué decir de los aranceles proteccionistas que Usted cobra?. Son impuestos a las importaciones para perjudicarnos en cuanto consumidores al pago de sobreprecios. Apenas beneficia a los productores incompetentes.

     Es imperdonable el carácter deliberadamente engañoso de las promesas que Usted ha hecho a los costarricenses más modestos y menos informados. Les hizo creer tramposamente que Usted resolverá sus problemas, que generará riqueza, que creará puestos de trabajo. Y Usted sabe, mejor que nadie, que todo lo que Usted toca, lo estropea. Sabe también que no hay peor administrador que Usted y que solo la iniciativa privada genera riqueza y genuinos puestos de trabajo.

     Muchos costarricenses han caído en las redes de sus trampas dialécticas pero mire que ya empiezan a despertar y a descubrir las maniobras. Por lo menos, ya están más desconfiados ante sus promesas. Pronto reaccionarán contra ellas. Por ejemplo, somos muchos los costarricenses que mantenemos vivas las imágenes de dos Expresidentes de la República a quienes se les mantiene bajo arresto por corrupción.

     Es necesario, Sr. Estado, que Usted deje de asfixiarnos. Queremos libertad. Tanto nuestra libertad y los derechos fundamentales que Usted desconoce son inherentes a la naturaleza humana. Usted debe limitarse a reconocerlo así.

     Usted tiene el deber de respetar y garantizar la libertad y los derechos individuales de cada persona porque son anteriores y superiores a Usted. Entienda, de una buena vez, que a Usted se le inventó para estar al servicio de las personas y no para que Usted se sirviese de ellas.

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