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El Internet y
sus empresas – Segunda parte
25 de Junio del 2002
Editorial
de Tiquicia.COM
editorial@tiquicia.com
En el Editorial anterior hablábamos de porqué
las empresas de Internet no han generado divisas debido a que se
dedicaron a hacer negocios que no están enfocados hacia la generación
de capital. Como ejemplo mencionamos los canjes de publicidad y los
programas de afiliación. Ahora bien, en este punto hablaremos
específicamente de Tiquicia.COM y la visión empresarial que este
portal tiene y desarrolla.
Internet es información, claro está que esta
no es una definición sino una metáfora. Para llegar a esta
información, nosotros desarrollamos un portal que sirve tanto de
ventana para la búsqueda en Internet así como medio de comunicación.
El contenido atrae a lectores provenientes de más de 50 países
alrededor del mundo, quienes en su mayor parte están en Costa Rica,
son costarricenses viviendo en el exterior o provienen de países de
habla hispana y nos visitan.
¿Adónde está el negocio?
Tiquicia.COM no cobra a sus usuarios por
ingresar a sus distintas secciones, hacerlo sería contraproducente. Lo
único que esperamos de nuestros usuarios es que nos sigan visitando de
forma constante e inviten a sus conocidos para que hagan lo mismo. Esa
constancia en las visitas resulta ser un factor de suma importancia
para efectos empresariales, pues aumenta nuestra popularidad y nos
hacer aparecer atractivos para nuestros clientes.
Estos clientes, o futuros clientes, son
compañías que ofrecen bienes y servicios; y les interesa que nuestros
usuarios vean sus marcas y productos. Algunos quieren dar a conocer
los servicios que prestan desde sus sitios de Internet y otros desean
atraer compradores. Sin embargo, en este aspecto, debemos mencionar
que las ventas en Internet no deben ser el objetivo último para estas
compañías, pues el mismo mercado nos ha dicho que las ventas por
Internet no son muy rentables, por lo que al comercio electrónico aún
le falta mucho camino por recorrer. Sin embargo, esto no debe
desanimar a las compañías.
Observemos los anuncios publicitarios que se
colocan en los diarios de circulación periódica o en las vallas de
carretera. Estos anuncios no le permiten a nadie hacer compras
haciendo clic, de esto se encargan las propias leyes de la física. Sin
embargo, dan a conocer una idea, atraen el interés de clientes y por
si solos anuncian que existe un producto, que el mismo está disponible
y se quiere vender. En uno de estos anuncios podemos observar
gráficos, ofertas, precios, invitaciones y sugerencias. Eso mismo se
puede hacer a través del Internet. ¿Qué diferencia existe entre ver un
anuncio sobre la carretera que lea Tome refrescos de Naranja!, a verlo
en una página de Internet? No existe ninguna diferencia, pues la marca
es la misma, el anuncio dice lo mismo y los clientes potenciales son
los mismos. El solo hecho de que este anuncio esté colocado en
Internet no le resta posibilidades de venta a nadie, pero si le
permite ahorrar mucho dinero en otros costos.
Intercambios reales
Los intercambios con los cuales iniciaron las
empresas en Internet, bien podríamos llamarlos intercambios de nada
por nada, y ninguna empresa sale adelante con nada. Esto quedó
demostrado en el año 2000 con el fracaso absoluto que sufrieron las
llamadas .com en Estados Unidos.
Si desde el inicio las empresas de Internet
realizan negocios que no generan divisas y se dejan llevar por
alucinaciones, nunca van a poder llegar al punto en el cual puedan
cobrar por sus servicios. En ese tanto es mejor establecer una
posición clara al respecto y perseverar. Nada es fácil y menos lo es
en los negocios, aquellos que pretendieron el camino fácil hoy no
tienen nada.
Lo expuesto en estos dos editoriales no
obedece a ideas nuevas, ni pretendemos con ellos innovar en ningún
campo. Simplemente, y con toda franqueza, debemos decir que el
Internet vino a cambiar muchas cosas en forma absoluta, pero esta
absolutez no ha modificado en nada al comportamiento empresarial, el
cual se rige, y se ha regido siempre, por el intercambio de capital
para obtener bienes y servicios, y es así como podremos observar que
lo nuevo no reemplaza a lo viejo, solamente lo complementa.
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