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Durante la larga y tediosa elección del Defensor de los Habitantes, este editorial expuso, en forma de obra teatro con tres actos, las distintas etapas que este proceso tuvo y como la politiquería y la falta de responsabilidad obstaculizaban la elección, provocando incluso que la Defensoría de los Habitantes quedase sin una persona que la dirigiera. Finalmente pudo elegirse al Ombudsman y las cosas siguieron su rumbo normal. Ahora resulta que vamos a tener una segunda parte de la obra.
Esta segunda parte aún no se ha estrenado, solo se escuchan rumores por doquier acerca de sus personajes y trama. En resumen, trata acerca de la elección de la persona que deberá ocupar el cargo de Defensor Adjunto de los Habitantes. El elenco lo conforman los diputados de la Asamblea Legislativa y las personas que se vayan a postular para el nuevo cargo.
Según rumores, de poca difusión (las grandes producciones siempre se hacen en secreto aunque sean de poca calidad), hay grupos que están presionando a la Asamblea Legislativa para que elija a una mujer en el cargo de Defensor Adjunto. Esto basándose en la razón de justicia e igualdad de género. Ya que el Defensor es varón, entonces la Defensor (a) Adjunto (a) deberá ser mujer. Esa es toda la justificación, no vaya a creer el lector que hay una mujer de excepcionales capacidades para sostener el cargo... esto no tiene mayor importancia, solo basta que sea mujer, ese es el requisito por el que presionan los grupos. Aclaramos: Nada de malo tiene que la persona electa sea mujer; las hay muchas y muy capaces, pero eso no se está entrando a ver en el caso. Lo que importa es su género, no sus doctorados, conocimientos y experiencia... solo que si es mujer, entonces sí la eligen.
Con temor a caerle mal a algunas y algunos, eso está muy mal. Refleja la falta de conciencia y compromiso que siempre deben guardarse a la hora de nombrar a una persona para ocupar un cargo tan importante. El mensaje que envían esos grupos a la ciudadanía es que los méritos son imprescindibles cuando se trata de género, y eso es negativo, pues representa un retroceso en la lucha que han dado miles de mujeres por darse un lugar en la sociedad sin que las discriminen en razón de serlo.
Cuando se nombró a Doña Angela Acuña de Chacón (así se firmaba ella y no es invento mal intencionado nuestro) para ser Embajadora de Costa Rica ante la OEA, se tomó en cuenta que era abogada, hablaba varios idiomas muy bien, tenía un cerebro privilegiado y era una persona con un gran conocimiento de los asuntos internacionales que debía enfrentar el país, no porque fuera mujer. Las dos Vicepresidentas de la República, una historiadora y la otra abogada, ambas con una gran trayectoria en sus respectivos ámbitos, son personas que nadie, jamás, podrá decir que obtuvieron sus cargos en razón de su género, pues pocos hombres hay en el país que tengan sus logros.
Si se escoge a una persona solo porque pertenece a determinado grupo, sin tomar en cuenta otras cualidades más importantes, se cae en la mediocridad, se incursiona en la idea de nombrar por nombrar en razón de la politiquería y no de la excelencia que debe sostenerse y, sobretodo, protegerse. Nada más porque el defensor adjunto sea mujer u hombre, la Defensoría de los Habitantes no mejorará, para eso se necesitan cosas que son ajenas al genero y propias de la personalidad. |