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En editoriales anteriores, hemos comentado los altos y bajos del proceso que se llevó a cabo en la Asamblea Legislativa para que los diputados eligieran al Defensor de los Habitantes de Costa Rica. Les dimos, a estos editoriales, un sentido de la continuidad, algo así como una obra de teatro entregada en varios actos.
En el primer acto, titulado Sobre la Elección de del Defensor de los Habitantes, hablamos acerca de las funciones que el Ombudsman debe desempeñar y como su autoridad se deriva de la legitimidad de su elección y de la estatura moral de sus actos pasados y presentes. El segundo acto de esta obra comentaba la actitud politiquera que habían adoptado los diputados para elegir al Defensor; reduciendo sus argumentos a meras conveniencias políticas sin pensar en el beneficio de los costarricenses. Para el tercer acto esgrimimos críticas acerca de cómo esa actitud seguía, y como la política tenía más peso en la Asamblea Legislativa que las preocupaciones genuinas sobre quien debía ocupar el cargo de Defensor; también resaltamos la terquedad del Partido Liberación Nacional en adoptar la posición de oponerse por oponerse y de la Unidad Social Cristiana por su falta de voluntad para proponer candidatos que pudieran generar más apoyo.
Llegamos al Acto Final. La Semana pasada, finalmente, la Asamblea Legislativa eligió al Defensor de los Habitantes. Curiosamente, el elegido fue el mismo candidato que generó la larga controversia legislativa, el mismo que el Presidente de la República recomendó, que el PUSC apoyó y al que el PLN se opuso. Por fin se logró el consenso, después de una larga ruptura de quórum que costo millones de colones al pueblo costarricense, tras cientos de debates groseros y posturas negativas; Liberación Nacional decide apoyar al candidato. Ahora nos preguntamos: ¿Para que tanta alharaca? ¿Porque tanta ruptura de quórum y quejadera? Si al, final de la obra, igual apoyaron al que con tanta fuerza criticaron.
Estamos frente a un doble standard, una doble moral que emana de la Asamblea Legislativa sin que, razonablemente, podamos explicar que la motiva. Solo nos queda la conclusión de que los diputados no tienen absolutamente ninguna conciencia de las necesidades de los costarricenses, y de que la politiquería fue la verdadera vencedora en esta obra de teatro, cara en sus efectos... barata en su calidad. Vamos a tener que seguir repitiendo lo que decíamos en los otros actos: ¿y los habitantes? ¿Quién se preocupa por los habitantes?
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