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En una democracia, así como la nuestra, que sea pluralista y participativa, el voto secreto, universal y directo es una garantía constitucional que asegura a los costarricenses el ejercicio pleno de uno de los derechos más importantes que conoce el mundo moderno. En estos días de elecciones internas, consideramos que es importante reflexionar sobre el tema de las adhesiones.
El voto nos permite escoger a nuestros gobernantes, legisladores y miembros de los gobiernos locales, quienes deben someterse al escrutinio de la opinión pública para alcanzar sus cargos. Es a través del voto que nosotros decidimos quién debe llegar a ocupar los puestos que regirán los destinos de la patria durante un tiempo determinado.
Los partidos políticos postulan a sus candidatos para los diferentes cargos de elección popular y en una convención, anterior a la elección oficial, los votantes acuden a escoger a los precandidatos que disputarán todos estos cargos. En estas convenciones se ha dado, desde hace muchos años, una práctica que resulta adversa a los principios democráticos en los cuales está fundada nuestra nación. A esta le llaman la adhesión, que consiste en que el votante debe firmar una pequeña boleta en la que ratifica su apoyo al partido político que realiza esa convención; sin firmar esta boleta, a la persona no le es permitido votar.
Esta practica es nociva para una democracia. El votante no tiene porque verse obligado a dar una adhesión para poder participar de la convención, además el hecho de dar una adhesión pública violenta el principio del derecho al voto secreto, pues al expresar el votante su preferencia, mediante adhesión, a un determinado partido político, está exponiendo su intención de voto, pues firma un documento en el que su voluntad se conocerá. Eso nada tiene de secreto; más bien provoca que el voto sea implícitamente público. También debemos tomar en consideración que hay personas que gustarían de votar por el precandidato de un partido, para presidente, y por los de otra agrupación para legisladores o representantes municipales, pero se ve impedido para votar en dos convenciones distintas debido a que la adhesión obligatoria no puede darse dos veces, cosa que resulta obvia.
Sin adhesiones, el ejercicio pleno de la democracia se volverá más libre y permitirá una participación más amplia y genuina; esperemos que los magistrados del Tribunal Supremo de Elecciones así lo entiendan algún día, o que la ciudadanía sea responsable y así lo solicite.
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